Las mentiras del informe

Las mentiras del informe

La verdad está en peligro en todo el mundo. Los hechos son relativizados y sobajados a meras opiniones. Cada quien tiene su opinión. Cierto. Pero como dice Héctor Aguilar Camín: todos tenemos derecho a nuestra opinión, pero no tenemos derecho a nuestros propios hechos. El Gobierno de Andrés Manuel López Obrador es un homenaje a la retórica y a la propaganda. Un presidente que machaca una idea, una y otra vez, y hasta mil veces, pensando que la repetición convertirá la mentira en verdad. Hay quien dice que eso es “posverdad”, el término de moda. Difiero: se puede vestir y maquillar la mentira como queramos, pero en el fondo sigue siendo una falsedad. 

López Obrador abrió fuego con una serie de spots publicitarios que buscan “vender” los éxitos de la 4T a casi dos años de Gobierno. Hay de todo: el avión presidencial, ¡Nunca más los privilegios!; estamos rescatando la economía popular, ¡Nunca más el rescate a los de arriba, a los banqueros!; No soy comunista, hasta el papa Francisco apoya lo que hago; ya no hay corrupción arriba, aunque queda un poquito en medio y abajo. La retórica que conocemos del Presidente y que nos repite todos los días en la conferencia de prensa matutina. Nada nuevo bajo el sol. 

No obstante, la publicidad en medios de comunicación está repleta de mentiras. El Presidente está falseando la realidad con su propaganda. Con frases pensadas y cortas, busca pintar una realidad que no existe. Hagamos un repaso de las joyas narrativas. Primero, “estamos recuperando la economía popular”. ¿Qué dato sostiene eso? El consumo de las familias está en niveles de 2009. De acuerdo con CONEVAL, 10 millones de mexicanos caerán a situación de pobreza durante 2020. En el mismo sentido dice el Presidente: no rescatamos a los de arriba, sino a los de abajo. Es cierto lo primero, pero es mentira lo segundo. El Gobierno de López Obrador prefirió la ortodoxia fiscal y sus megaproyectos como el Tren Maya o Dos Bocas, antes que proteger los empleos y transferir recursos para mantener el consumo de las familias. Ni siquiera se atrevió a discutir un seguro de desempleo o un ingreso mínimo vital. Ahí tiene razón el Presidente, de comunista tiene lo que yo de biólogo. A mí me parece bastante neoliberal. 

Otra: compra tu cachito, vamos a sortear el avión presidencial. Mentira. El avión no se sortea, simplemente se venden boletos para sacar una lana para el Gobierno y que tenga más recursos para invertir en los programas que el Presidente juzga prioritarios. Es decir, los contribuyentes pagamos el avión en los corruptos sexenios de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, y ahora lo volveremos a pagar con los cachitos de la 4T. Reconozco el compromiso de López Obrador con la medianía republicana, pero se muestra el avión porque tiene pocas cosas que mostrar el Presidente luego de 21 meses de llegar al Gobierno. La parafernalia en torno al avión es reflejo del fracaso de su administración.

Seguridad: estamos pacificando al país. ¿Qué? Durante 2019, 34 mil mexicanos fueron asesinados. Mil más que el último año de Peña Nieto. El año más violento de la historia moderna del país. Y en 2020, al corte de mitad de año (último día de junio), 17 mil 982 personas asesinadas. De seguir con la tendencia, el Gobierno de López Obrador superará su lastimoso récord. Eso no supone ninguna ruta para pacificar al país. No dudo que López Obrador tenga la intención, pero los datos muestran una descomposición superior a los sexenios de Calderón y Peña Nieto. 

Y dice López Obrador: es otra la estrategia para combatir a los delincuentes. No hay ningún especialista que sostenga que el actual Gobierno está tratando el problema de la violencia de forma distinta a sus antecesores. ¿El ejército está involucrado? Sí, de lleno. ¿Se hacen detenciones de capos? Sí, y se presumen. ¿Se ha utilizado el populismo punitivo para endurecer la prisión preventiva? Sí, desmantelando las reformas que supusieron la entrada en vigor del sistema penal acusatorio. Es la misma gata. Con una diferencia: el Presidente simula que se hacen las cosas distinto. Nos dice que vemos mal y que la estrategia busca recomponer el dañado tejido social. 

El discurso que le dio la Presidencia a López Obrador fue la condena rotunda de la corrupción. Luego de un sexenio de saqueo institucionalizado, López Obrador apareció como el adalid de la lucha contra los excesos de la clase político. El antídoto contra esa perversa imbricación del poder económico y política. Sin duda, la Fiscalía General de la República está avanzando en la tarea de desmontar la trama que permitió el enriquecimiento de tantos políticos ligados al PRI y al PAN en el sexenio anterior. Sin embargo, ¿y la corrupción de los suyos? ¿Y los casos de los suyos? Nada. Y esa también es corrupción de los de arriba. Bartlett, su hijo, David León, su hermano Pío, Carlos Lomelí, Jaime Bonilla?. De verdad, ¿desapareció la corrupción en la cúspide o cambiaron los favorecidos del perdón presidencial? 

“Vamos a producir la vacuna y será gratis”. Dice López Obrador. Bueno, ése es un anuncio no verificable. Lo que hay es un acuerdo con el laboratorio Astra-Zéneca y Oxford para producir la vacuna, en el momento en que esté lista. De lo que no rinde cuentas el Presidente es de su gestión de la pandemia. De eso sí tendría que hablar y rendir cuentas. Ni siquiera hace alusión. Ni siquiera se defiende. Tal vez porque es imposible. ¿Cómo defiendes que sigues desautorizando a aquellas voces que piden el uso de la mascarilla o cubrebocas? ¿Cómo defiendes que tu mejor antídoto contra la pandemia fue hacer una conferencia de prensa vespertina para contar los muertos? ¿Cómo defiendes que no es aconsejable hacer pruebas PCR? ¿Cómo defiendes una estrategia que tuvo como corolario la muerte de más de 62 mil mexicanos hasta hoy? El COVID es el reto más exigente que han tenido que enfrentar los gobiernos desde las guerras mundiales y López Obrador lo único que quiere es pasar página. 

En diciembre de 2018 escribí en estas páginas que nunca espero mucho de los gobiernos. Y no por opiniones simplonas como: todos son iguales. No, espero poco de los gobiernos porque sé que la capacidad de la política para cambiar la realidad es limitada. Existen estructuras económicas, sociales, culturales, que son más potentes que la política. Sin embargo, sí espero una cosa: cambios graduales. Pequeños, pero sostenidos. De López Obrador y su Gobierno espero un país menos corrupto, menos desigual, menos pobre, menos inseguro. Casi dos años después, México está peor. No hay ningún dato que sostenga lo contrario.

Tapatío